Una de las razones por las que los PtoP están tan de moda últimamente es porque proporcionan mayor estabilidad a la compañía adquirida, lo cual pudiera resultar contradictorio con el hecho de que el Private Equity probablemente se deshaga de la empresa adquirida en un plazo de tres a cinco años. Sin embargo, si analizamos este aspecto de la estabilidad, tomando como referencia el comportamiento bursátil a largo plazo de las cinco compañías que recientemente han sido objeto de un PtoP (Parques Reunidos, Aldeasa, Amadeus, Recoletos, Cortefiel y Telepizza), observamos que todas y cada una de ellas experimentaron elevadas volatilidades de su cotización, con frecuencia, sin que su evolución financiera lo justificase.
Desde otro punto de vista, la gestión de compañías sujetas a elevadas fluctuaciones en el precio de sus acciones consume elevados recursos en forma de tiempo, lo que resulta agotador, muy frustrante y no ayuda en nada a la consecución del plan de negocio. Sin embargo, las empresas en manos de Private Equity son conscientes de que en los tres/ cinco años siguientes los cambios accionariales son poco
probables, sus fuentes de financiación están aseguradas, dispondrán de recursos adicionales si las circunstancias lo justifican, existirá un único accionista de referencia cuyos intereses estarán alineados con los de otros accionistas y con los del equipo directivo y, por último, aunque no por ello menos importante, el plan de negocio a tres/cinco años contará con el apoyo decidido de todas las partes implicadas. ¿Cuántos consejeros delegados de compañías cotizadas pueden decir todo esto de sus empresas?
Existen, desde luego, otros motivos que ayudan a explican por qué estamos viviendo tanta actividad en el ámbito de los PtoP: creciente competencia entre firmas de Private Equity, elevados niveles de liquidez en los mercados de deuda, e incluso el hecho de que alguien (Advent International/Socios Financieros)
desarrollara la tecnología necesaria para ejecutar este tipo de operaciones (Parques Reunidos, en 2004). Estas consideraciones también juegan un papel importante a la hora de desencadenar las operaciones PtoP.

UTILIZACIÓN INTENSIVA DE DEUDA BANCARIA
SLa utilización intensiva de deuda bancaria para financiar las adquisiciones realizadas por el Private Equity es, probablemente, el aspecto más controvertido de dichas operaciones. En una transacción reciente, aunque no se trataba de un PtoP, prácticamente el 80% del precio pagado fue financiado con deuda, que a su vez, tenía como garantía los propios activos de la compañía adquirida.
Para las personas no familiarizadas con este tipo de operaciones, estas proporciones parecen sencillamente injustificables. Sin embargo, estas preocupaciones son con frecuencia resultado de una información deficiente y, además, pasan por alto algunas consideraciones relevantes. De hecho, el Private Equity pone especial énfasis en no alcanzar los niveles máximos de deuda posibles, sino en encontrar los niveles razonables para cada transacción.
El nivel de deuda razonable dependerá, en cada caso, de las necesidades de capital circulante, de la inversión en activos fijos, de los recursos necesarios para posteriores adquisiciones, pero, sobre todo, de la fiabilidad de los flujos de caja futuros de la compañía a adquirir.
Además de dar repetidas muestras de buen juicio a la hora de determinar cuanta deuda es apropiada para cada operación, una de las últimas cosas que un Private Equity puede permitirse es la quiebra de una de sus participadas, puesto que afectaría muy negativamente tanto a su reputación como a futuros procesos de captación de fondos para nuevas inversiones. Los incentivos para actuar con prudencia son, por tanto, numerosos y muy relevantes.
Toda esta controversia tampoco tiene en cuenta el hecho de que los Private Equity no son los únicos compradores que utilizan la deuda bancaria en sus adquisiciones y, de hecho, existen múltiples ejemplos de otro tipo de compañías, de cualquier tamaño, que recurren a la deuda de forma agresiva sin practicar las mismas diligencias ni análisis previos típicos de un Private Equity.
Por último, el hecho de que algunas de las principales compañías de nuestro mercado pasen a manos del Private Equity en vez de continuar cotizadas en Bolsa, no resulta especialmente relevante desde el punto de vista de la propiedad, puesto que finalmente es la misma.
Los principales financiadores del Private Equity que participan en estas operaciones PtoP son los grandes inversores institucionales mundiales: fondos de pensiones, compañías de seguros, fundaciones, gestoras de patrimonios, etc., que invierten en Private Equity, al igual que en otras muchas actividades, en beneficio de sus numerosísimos partícipes y clientes. Son, en cualquier caso, los mismos inversores que controlan los mercados bursátiles mundiales.
Si los fondos de Private Equity están mostrando una actividad tan intensa en operaciones PtoP es, básicamente, porque muchas compañías están ofreciendo a los inversores finales rentabilidades superiores a través de Private Equity que directamente adquiriendo sus acciones en Bolsa.
Los grandes inversores institucionales continuarán destinando recursos al Private Equity, mientras la situación descrita permanezca vigente. El éxito que los PE han alcanzado en la adquisición de compañías cotizadas es otra manifestación de la eficiencia del funcionamiento del mercado de capitales. Y esto tiene que ser bueno para todos.