RAFAEL PAMPILLÓN OLMEDO, Director del Área de Economía del Instituto de Empresa
 
 
   
 
 
 
   
 

 


INTERVENCIONISMO SOBRE LAS OPAs

 
Europa lleva algún tiempo soportando una nueva oleada de proteccionismo. Se trata de un fenómeno viejo que está cobrando vida en varios países de la UE, no importa si los gobiernos son de izquierdas (España) o de derechas (Francia). Se trata de una especie de patriotismo económico, que se manifiesta en impedir la compra de empresas nacionales por empresas de otro país. ¿Libre mercado o intervencionismo?


Según los partidarios de la libre competencia, el mercado es el mejor mecanismo para lograr una asignación eficiente de los recursos y, por tanto, para que la economía funcione bien y genere prosperidad para todos. Con el libre comercio y la competencia la sociedad en su conjunto se beneficia. Por otra parte, los partidarios del intervensionismo plantean su desconfianza en
el buen funcionamiento de las reglas de mercado y su creencia de que el Estado es más sabio que el resto de los agentes económicos para alcanzar los objetivos de crecimiento y empleo. Aunque sin duda alguna, la tendencia de los últimos años es hacia el libre mercado, la intervención estatal se hace notar también en la mayoría de las naciones. Así, algunos autores hablan ya con preocupación de una inquietante vuelta al nacionalismo.

El año pasado, en el sector bancario, fuimos espectadores de las trabas que el Banco de Italia puso al BBVA para que pudiera comprar el BNL. El proceso
terminó, después de una larga carrera de obstáculos, con la renuncia por parte de la entidad española de su OPA por la entidad italiana. En el mes de marzo de este año el Gobierno español introdujo modificaciones legales para dificultar la OPA de la alemana E.ON sobre Endesa. Por su parte el Gobierno francés anunció la fusión de Gaz de France (GdF) y Suez como reacción ante la posibilidad de que la segunda pudiera ser opada por la italiana Enel. La política de Francia se concretó en que el Ejecutivo francés debe aprobar los intentos extranjeros de compra de empresas, la mayoría de tecnología, seguridad y defensa.

En el caso español, el Gobierno intervino apenas enterarse de que la compañía alemana E.ON había notificado su OPA sobre Endesa. La acción defensiva del Gobierno de España consistió en ampliar las funciones de la Comisión Nacional de la Energía para examinar la operación y su posible impacto en el sector regulado de la electricidad. Así, E.ON no puede comprar Endesa sólo con la autorización de Bruselas, sino que también necesita la autorización de la Comisión Nacional de la Energía. Las reacciones y comentarios ante esta iniciativa no se hicieron esperar, los primeros en hacer notar su descontento fueron los partidarios de la libre competencia, que etiquetaron al Gobierno de “intervencionista”.



DESAFÍO A UNA EUROPA UNIDA

ELa actitud de los gobiernos francés y español ante la posibilidad de que una empresa extranjera tome el control de las compañías energéticas Suez y Endesa, provocó una gran tormenta política y supuso un desafío al proyecto de una Europa Unida, puesto que estas actitudes suponen trabas y desincentivos para las empresas de otros estados miembros de invertir en Francia y en España que contradice, el libre movimiento de capitales y el derecho de establecimiento de la UE.

Por este motivo la Comisión ha abierto sendos procesos de infracción contra España y Francia y el presidente de la Comisión, Durao Barroso, ha señalado la conveniencia de avanzar hacia el establecimiento de una política energética común, a la vez que está decidido a hacer cumplir los principios del mercado interior y de la competencia en el sector de la energía. La Comisión Europea está decidida a hacer valer todos los principios del derecho comunitario y las reglas del mercado interior y la competencia. En este sentido estima que no se pueden crear campeones nacionales a costa de pasar por alto las reglas europeas. No es compatible la realización de un mercado único con la búsqueda de campeones nacionales, que no es otra cosa que una especie de proteccionismo que daña seriamente el proceso de integración europea.

El modelo económico de la Unión Europea es el del libre comercio. En el caso particular de la energía, existe un acuerdo de los líderes europeos de liberar completamente el mercado energético para el año 2007. La UE se encuentra inmersa, por tanto, en un proceso liberalizador, que concluirá a mediados del año que viene, para que los consumidores domésticos puedan escoger a sus proveedores de gas y electricidad, en virtud del acuerdo alcanzado por el Consejo Europeo en Barcelona en el año 2002. Para la Comisión no tiene sentido que en Europa haya 25 mercados energéticos nacionales. Por ello abrió, en el mes de abril, procedimientos de infracción contra 17 socios comunitarios –entre ellos, España– por la falta de liberalización de sus mercados energéticos. Esta decisión comunitaria es, sin duda, una de las más espectaculares de los últimos tiempos.

España es de los pocos socios de la UE que todavía no ha trasladado a su legislación nacional las normativas comunitarias sobre apertura de los mercados del gas y la electricidad. En Italia, Francia o Portugal el sector energético sigue estando en manos de empresas públicas. Los países más liberales son el Reino Unido y los países nórdicos. Europa está enfrentada por este tema, en un lado están los países que apuestan por la apertura de los mercados, como Reino Unido, Holanda, Dinamarca y Alemania, en el otro lado están los intervencionistas, encabezados por Francia y España. Esta división pone de manifiesto el enfrentamiento ya clásico entre las fuerzas del mercado y el proteccionismo, entre la libre competencia y el intervencionismo estatal, nacido de la desconfianza en las reglas del mercado. Sin embargo, la constatación empírica muestra que el nacionalismo económico genera una estructura industrial retrasada con altos costos para los consumidores, que suelen ser los grandes perjudicados por el patriotismo económico.

Los argumentos del Gobierno español de que la energía es un sector estratégico y que España es una isla energética y que necesita, por tanto, de autoabastecimiento generado por empresas nacionales, se contradicen con dos hechos relevantes:

El primero, que un sector, tradicionalmente estratégico, como la defensa nacional se nutre de armamento fabricado por empresas extranjeras como es General Dynamics, una empresa americana a la que se le vendió Santa Bárbara, antigua fabricante española de armas. El segundo, que en el Reino Unido, que es efectivamente una isla, la electricidad es abastecida por una compañía francesa, el agua por una alemana y tres de las empresas de gas no son británicas. Lo que puede hacer pensar que la energía no tiene esa singularidad tan extraordinaria con la que se la quiere revestir.
En resumen, la UE aboga por el mercado y la libre competencia pero, en ocasiones, algunos países son más propensos a tomar posiciones proteccionistas, por ejemplo, en el sector de la energía. La explicación que dan los partidarios de esta postura es que se necesita asegurar el abastecimiento energético nacional, a la vez que se protege a los consumidores de eventuales cortes en el suministro y subidas de precios.
Es preciso recordar, sin embargo, que a la globalización le debemos gran parte de nuestra prosperidad, por tanto, la actitud más coherente, en los tiempos que corren, es la de preocuparnos sobre todo por el buen funcionamiento de las empresas, el mercado y la economía y menos de quien es la propiedad de las empresas que prestan el servicio.

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