Su paraíso perdido…
La infancia, nuestra patria según Rilke, donde todo estaba tan claro y todo era tan sencillo, donde todo parecía mucho más grande que hoy, siendo, al tiempo, mucho más pequeño.
No podría prescindir de...
De la esperanza en que las cosas
pueden mejorar, de la ilusión de estar avanzando y hacerlo en la dirección adecuada, del sueño de encontrar alguna vez lo que no se sabe qué es. Del futuro aunque, últimamente, el futuro ya no es lo que solía ser.
Tres manías
Escuchar la misma canción una y otra vez, hacer zapping de bloque en bloque publicitario y, sobre todo, observar las mareas: cada seis horas, con precisión de reloj, la naturaleza nos grita que hay unas reglas que nos empeñamos en obviar.
Rasgo de su personalidad que
menos le gusta
CLo difícil que me resulta empezar a trabajar en lo importante hasta no haber terminado del todo con lo urgente (el problema es que lo urgente no se me acaba nunca).
Su mejor terapia
Una semana en Galicia, a ser posible con cielos grises y en mes con ‘R’.
La vida le ha enseñado...
A tener paciencia: el valor de la disciplina como complemento necesario de la creatividad y el genio (¿o es al revés?).
Su principal orgullo...
Mi familia y mis amigos.
Un lema para andar por la vida
Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal. Tan subjetivo como exigente. Kantiano puro.
Un personaje que admira
Las personas con talento musical. Daría las dos manos por saber tocar el piano.
Si tuviera más tiempo…
Terminaría mi libro… aunque trataré de hacerlo de todas maneras.
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La mayor cualidad de un individuo
La honestidad. Y sobre todo, la honestidad con uno mismo, que es la más dificil y la base necesaria de la honestidad hacia los otros.
Su mayor extravagancia
Hacer Shakespeare en inglés.
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