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tribuna jurÍdica
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| EL PORQUÉ DE UNA CÁTEDRA |
En el anterior número de Ideas Empresariales (92) se dio a conocer la presentación de la Cátedra José María
Cervelló en la sede del Instituto de Empresa, acto que tuvo lugar un más que emotivo 21 de noviembre de 2005.
Son muchos los alumnos y profesionales que se han formado junto a José María, tanto en sus clases como
trabajando a su lado. Pero también es cierto que no todo el mundo sabe y conoce quién es realmente José
María Cervelló. Por ello, y para poder dar a conocer lo que José María supone, no sólo en el mundo jurídico,
sino de las artes y la cultura en general, reproducimos la semblanza realizada por Adolfo Menéndez, su amigo y
discípulo.
José María Cervelló nació, el 11 de diciembre de 1947, en el Cádiz de la luz y de la libertad. Lo cual no es
un mal principio.
Gaditanas fueron su infancia y su adolescencia, abiertas a los turnantes vientos de levante y de poniente,
guarecidas por el afecto de sus padres Carmina y Pepe y de su hermana María Jesús; así como de sus múltiples
amigos.
Conociéndole, es fácil colegir que José María cumplimentó los trámites con entusiasmo. Colegio de los
Marianistas. Parecerá increíble, tratándose de un gaditano, pero cumplió su servicio militar en la Armada,
en San Fernando, con una fulgurante carrera que lo llevó hasta el grado de Marinero de Segunda.
Para José María la “globalización” empezó en Sevilla, en la Facultad de Derecho de cuya universidad se licenció
en Leyes en el año 1969, mientras pensaba ya, con una vocación heredada de su padre, que lo verdaderamente
interesante era el arte.
Siguiendo el sólido principio de vivir primero y filosofar después, abandonó el huerto claro donde maduraba
el limonero, para pasar mucho más de veinte años en tierras de Castilla. Su primer y exitoso empeño mesetario
consistió en conquistar su independencia. Para lo cual se preparó para las oposiciones a ingreso en el Cuerpo
de Abogados del Estado, consiguiendo ingresar en el susodicho, en diciembre de 1974.
Liberado del horror de los afanes, se dirigió a Palencia, su primer destino, en cuya Delegación de Hacienda y
ante cuyos tribunales hizo sus primeras lides. Dícese que de entonces le viene su desmedido amor por los
impuestos de sucesiones y de transmisiones patrimoniales, en cuya liquidación primero, fabulación después, y
enseñanza, más tarde, ha encontrado nuestro hombre un placer que obviamente sólo le es dado conocer a unos
pocos y extravagantes elegidos.
Sea como fuere, en el páramo palentino se emborrachó de románico y comenzó a preparar opositores, incipiente
manifestación de su vocación docente, y a estudiar Historia del Arte, incipiente eclosión de su nada velada
vocación humanística.
En Madrid volvemos a Cádiz pues, bien sea fruto del destino o de la casualidad, José María Cervelló ha habitado
siempre dentro de la capital del Reino en la calle Marqués de la Ensenada, calle marinera donde las haya y que,
a fuer de marinera y de hospedar a José María, bien pudiera ser gaditana. Más “coincidencias”, calle que
flanquea al Tribunal Supremo, cercana a la Biblioteca Nacional y al Museo del Prado. Cabe pensar que nuestro
ºhombre tenía las ideas muy claras desde el principio o, para los menos optimistas, que la pelota calló en su
caso en el lado bueno de la red, siguiendo las enseñanzas de Woody Allen en su última película, Match Point.
Por utilizar una expresión corriente en nuestro personaje, en Madrid, entre estar parado
y no parar, él elige lo segundo. A lo largo de los años va urdiendo con la silente insinuación del discreto,
la desmedida liberalidad del pródigo y la confiada constancia del paciente una tupida red de afectos y de
hechos relevantes.
Para empezar continúa preparando opositores, primero en solitario y luego en compañía de otro, su compañero
César Älvarez Valcárcel, con desigual éxito. Una de sus primeras alumnas es hoy su mujer, María Teresa,
éxito rotundo. Pero fruto de aquella dedicación andan hoy por el mundo un grupo de abogados del Estado,
conocidos en el argot corporativo como los “cervellitos”, de cuyas inacabadas obras pudieran derivarse todavía
diversas calamidades. Bien es cierto que hablamos de tropa bragada y alegre.
Atiende por esa época su destino en el Ministerio de Transportes y comienza a trabajar como secretario del
Consejo de Secoinsa. Y a través de mágicos procedimientos, ignorados por el cronista y ajenos al común de los
mortales, consigue hacer todo esto mientras se licencia y doctora en Historia del Arte.
Por aquel tiempo nuestro personaje vuelve a sorprendernos y compinchado con Jaime López-Chicheri, y otros,
abandona el sosiego administrativo para irse al fragor de la abogacía privada e internacional, primero en Ernst
and Whinney, más tarde en Ernst and Young. En su tierra natal dirían que ya tiene guasa la cosa, que uno de
los pioneros de la moderna abogacía internacional en España sea en realidad un historiador del Arte, hable
inglés de aquella manera inclasificable y no sea, precisamente, un entusiasta del jet lag, ni del jet de
ninguna clase. Pero así son las cosas o, a lo mejor, por eso son las cosas.
Es en ese momento, su llegada a Madrid, cuando conoce a Diego del Alcázar y en su
compañía, y la de otros, empieza a dar la tabarra con la formación de los abogados en el Instituto de Empresa.
Llegando hasta nuestros días en una continuada, fructífera y permanente actividad docente, orientada a que los abogados
comprendan que la ley no es más que una herramienta para el bien, que lo importante son las personas, que la
risa es inseparable compañera de la inteligencia, que la curiosidad nos puede llevar a cualquier parte, todas
buenas, y que hay que ser tan humildes como audaces. Hace falta ser audaz, desde luego, para atreverse a decir
que sabe hablar inglés, pero lo cierto, sin embargo, es que siempre se le entiende al condenado.
Todo esto cristalizó en la asignatura que llamamos en esta casa Deontología Profesional y Política de Asesoría,
en argot Política de Asesoría. Asignatura que ha hecho las delicias de cientos y cientos de alumnos del MAJ, a
lo largo de los últimos veinticinco años, y que constituirá siempre un calvario para quienes traten
ingenuamente de reconducir la genialidad a un sistema.
Podríamos detenernos ahora en los muchos méritos de nuestro hombre, pero no lo haremos, porque sabemos que si
algo puede disgustarle es la ostentación. Sí es necesario explicar que José María Cervelló siendo, ha ido
tejiendo una forma de estar, hilvanada con la calidez de la exquisita cortesía. y la inteligencia regalada,
y gracias a él una pléyade de abogados andamos hoy por esos mundos de la asesoría jurídica y de la empresa
bien orientados, armados de herramientas de la razón y, sobre todo, sabedores de que lo importante es hacer
las cosas como se deben de hacer simplemente porque deben hacerse así.
Hoy estamos aquí, en este acto de presentación de la Cátedra José María Cervelló para, junto con él, enfatizar
y proyectar hacia el futuro los valores que él representa y atestigua. Y que quedan resumidos en estas palabras
de Balmes “...Conciliar la claridad con la profundidad, hermanar la sencillez con la combinación, conducir por
camino llano y amaestrar al propio tiempo en andar por senderos escabrosos, mostrando las angostas y
enmarañadas veredas por donde pasaron los primeros inventores, inspirar vivo entusiasmo, despertar en el
talento la conciencia de las propias fuerzas, sin dañarle con temeraria presunción: he aquí las atribuciones
del profesor que considera la enseñanza elemental no como fruto, sino como semilla...”
Cabe concluir diciendo que estamos aquí porque José María Cervelló además de coleccionar a lo largo de su vida
los hermosos libros que hoy conforman la Biblioteca Cervelló –la cual ha alcanzado lo que, sin duda, es un
secreto e imposible anhelo de José María, vivir en el Museo del Prado–, ha coleccionado compañeros de
aventuras, amigos, en suma, y deseamos que, a través de la cátedra que lleva su nombre, siga coleccionando
adeptos a la idea de que, como sentenció para siempre un poeta de Sevilla, lo importante, además de ser buenos
abogados, emprendedores o gerentes es ser hombres, en el buen sentido de la palabra, buenos.
Consecuencia de la personalidad de José María Cervelló, de su trayectoria, de su magisterio y de su afán por
transmitir lo mejor del Derecho, es hoy por tanto la cátedra que lleva su nombre. Y desde Ideas Empresariales
queremos agradecer las aportaciones que a la misma se están realizando, con la finalidad de profundizar en la
investigación, debate y enseñanza del Derecho, sin olvidar el programa de becas a través de la Fundación
Instituto de Empresa, para alumnos sin recursos económicos.
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