Su paraíso perdido…
Me encantaría vivir en un lugar con dos primaveras y dos veranos. Buen clima y largos días para ir a la playa. Con gente amable y feliz. Además, debería contar con un aeropuerto internacional bien conectado y tener muy buenas infraestructuras, especialmente de telecomunicaciones, para estar siempre en la punta de lanza de nuevos proyectos e ideas. Lo más cercano a esa idea tal vez sea Miami. Pero si he de hablar de paraísos materiales, creo que tendré que esperar al teletransporte para poder vivir así. Por el momento, mi paraíso perdido es el mundo. Hace años tenía lugares favoritos donde vivir. Ahora disfruto en casi cada esquina del planeta..

No podría prescindir de...

De las personas a las que quiero. Y para no prescindir de ellas riego todos los días la relación. Es un gran error creer que una relación de pareja se mantiene con un regalo por San Valentín. O que un hijo te va a querer si siempre has pasado de él. Cada día es una oportunidad para dar algo a todos los que te rodean. A veces basta con la alegría.

Tres manías

Mirar hacia el futuro. Me encanta extrapolar las tendencias tecnológicas y sociales para soñar con mundos que están viniendo ahora y con futuros que no llegaré a conocer, en siglos y milenios por venir. Por el contrario, me produce horror la enfermedad española de mirar al pasado para vivir en él. Hay gente que sigue en la Guerra Civil, con sus abuelos ya muertos. Yo prefiero pensar en lo que serán mis nietos, que aún no han nacido.

La acción. Lo único cierto es el cambio y la única posición que merece la pena, la de colíder de esos cambios. Con perseverancia y coherencia, pero con flexibilidad. El cambio produce muchas heridas en sus líderes, pero compensa. Quien no cambia no sufre hasta que, en el mundo empresarial, le despiden.

Gastar bromas en el trabajo. Uso el humor para hacer más agradables las reuniones, distender situaciones, forzar a la gente a mirar las cosas con otras perspectivas, presentar problemas importantes sin personalizar en la gente.

Rasgo de su personalidad que menos le gusta

Cuando me vuelvo una persona gruñona y “saco galones”. Con la edad vas ganando todavía más seguridad en ti mismo, pues aunque en lo absoluto cada vez sabes menos, en lo concreto tienes cada vez más información, experiencias y aproximaciones diversas que te permiten navegar seguro por caminos inciertos. Siempre he tenido mucha paciencia, pero a veces, muy pocas, me sale el impulso de dar órdenes tajantes cuando alguien se niega a hacer algo por sus propios miedos animales. Ese impulso duro también se me produce cuando alguien duda de mi honorabilidad en los planteamientos. Mi patrimonio es mi honradez.

Su mejor terapia

Darme un paseo en un día luminoso con una persona a la que aprecio. Nadar en mi piscina del campo. Aislarme del día a día con un viaje. Quien me da las mejores terapias es Paz, mi mujer. Quien acierta en su pareja y mantiene la llama del amor, puede resolver sus problemas con sólo una mirada.

La vida le ha enseñado...

Que no hay nada tan grave ni tan importante como parece. Hay gente que dice que en la vida sólo hay dos cosas seguras, Hacienda y la muerte. Para mí, las estructuras humanas actuales no son la imagen deformada de la Inquisición. Y la muerte, si eres creyente como yo, es sólo un paso hacia algo nuevo y mejor, y si no lo eres, tal vez una lotería entre la nada y algo nuevo. Y en el ínterin entre ahora y cuando este capítulo se acabe, hay un montón de oportunidades para divertirse creando valor, de vida, de emociones. La vida es una gozada salpimentada de duras pruebas. No al revés.

Su principal orgullo...

Sobre todo, estoy orgulloso de los míos. Y de aquello que haya podido aportar a los demás. En lo profesional, el principal proyecto de mi vida ha sido el Instituto de Empresa. Siempre me ha permitido abordar nuevos retos. Toda una maravilla para quien le guste trabajar en equipo con gente brillante y con la ambición de situarse a la cabeza en todo lo que hace. Cuando Diego Alcázar, una mente privilegiada, me ofreció incorporarme a este proyecto me hizo uno de los mayores regalos de mi vida. Y lo bueno es que hay ideas para rellenar diez vidas. Algo que me llena de orgullo son nuestros alumnos y especialmente los míos. Soy todo lo contrario de un profesor sistemático y ordenado. Trato de abrir sus mentes más allá de lo que les enseño. A algunos les molesta la pérdida de contacto con su día a día actual, pero yo me imagino que en el futuro y no ahora, serán grandes líderes, Alejandros y Césares, no generales mediocres. Para ese futuro es para el que les hablo.

Un lema para andar por la vida

“Siempre alegres para hacer felices a los demás”. Lo he empleado durante toda mi vida y funciona maravillosamente. Creas ilusiones y reduces tensiones. Es lo opuesto a desconfiar de los demás por sistema, que es un forma de ser de amargados. La vida es como viajar en el Metro en hora punta. Alguno te pisará un callo, pero si en vez de devolverle una sonrisa le partes la cara, te habrás arruinado el día o la vida. Para hacer felices a los demás, has de conocerles. Dedicar tiempo a las personas más que a los procesos. Lo racional puede ser imitado por una máquina y somos mucho más que eso. Los mayores fracasos se dan en gente que define lo profesional como la perfección en los hechos. Liderar es conocer a los tuyos, en sus potencialidades e imperfecciones y hacerles jugar donde van a ser felices y útiles.

Un personaje que admira

Jesucristo. Incluso cuando me olvido que, como creyente, doy por supuesto que es Dios. Como ser humano fue de una coherencia increíble, acabando por la mayor de las coherencias, que es dar la vida por los demás conscientemente. Su constante llamada al amor y a la rectitud es para mí un ejemplo permanente. Mi problema es que, por mucho que presuma de católico, no dejo de ser un pecador.

Si tuviera más tiempo…

Tengo ya más planes que expectativa de vida. En lo humano, pasaría más tiempo con los míos. En lo profesional, me gustaría pasar de mi prototipo básico de un sistema de Inteligencia Artificial que he desarrollado fuera de las tendencias actuales de I+D, actualmente medio imbécil, a un sistema que pueda ayudar a la Humanidad a resolver muchos problemas que requieren de un sistema de análisis racional diferente. Para mejorar la sanidad, la economía, el transporte, etc. Y en última instancia para que nuestros mayores, impedidos, y todos nosotros podamos tener sistemas y robots que nos hagan tener una vida mejor.

La mayor cualidad de un individuo

Saber amar a los demás. Amar no es algo bobalicón. Ni débil. Parte de conocer a los demás. En la empresa amar es apreciar, sabiendo lo que vale cada uno. Un falso amor, por ejemplo en una empresa familiar, es poner a un hijo incompetente como director de la misma. Es la mejor manera de cargarse al hijo, a la empresa y a la familia. Un falso aprecio es dejar al amigo incompetente en un puesto en el que su mal desempeño va a perjudicar a mucha gente que no se lo merece. Eso sí, como en los comandos, todos tenemos un puesto fantástico que se adecua a nuestras necesidades. Dentro o fuera del proyecto.

Su mayor extravagancia

Toda mi vida es una extravagancia pero sin disonancias. Casi nunca he hecho lo que se suponía que debía hacer. Quizás la mayor extravagancia se de en las clases. Hace un par de meses, Santiago Álvarez de Mon, un colega del IESE, que asistió a una conferencia mía me dijo que yo tenía madera de payaso. Me lo dijo con todo el cariño del mundo y habiéndome calado profundamente…