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Entrevista

José Manuel González Páramo
Miembro de la Comisión Ejecutiva y del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE)
Para José Manuel González Páramo, miembro de la Comisión Ejecutiva y del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), quien ha trabajado como consultor para el Banco Mundial, la Comisión de la Unión Europea o la OCDE, entre una gran multitud de organismos nacionales e internacionales, asegurar la estabilidad de precios a medio plazo en la zona del euro es la mejor contribución que el BCE puede hacer al bienestar de los ciudadanos. “Preservando la estabilidad de precios no sólo contribuimos al poder de compra de salarios y pensiones, sino que, además, sentamos las bases para un crecimiento sostenido del empleo y la actividad”.

¿Qué podemos hacer para que el mercado interbancario funcione con más eficiencia a corto plazo y observemos una bajada del tipo de interés más ajustada al tipo de interés de intervención del BCE?
El retorno a la normalidad pasa por la previa recuperación de la confianza. Las medidas extraordinarias de los bancos centrales han reducido al mínimo el riesgo de liquidez y las decisiones coordinadas de los gobiernos han reducido apreciablemente el riesgo de crédito. Estas acciones ya están teniendo efectos visibles. Pero la plena normalización sólo será posible cuando los bancos concluyan el saneamiento de sus balances y mejoren sus estándares de transparencia.

¿Cree que a mediados del primer trimestre de 2009, los mercados financieros internacionales se habrán normalizado?
Al día de hoy, la expectativa razonable es la de una mejora significativa de la situación. Este escenario está sujeto, no obstante, a ciertos riesgos, pues las cuentas de resultados de los intermediarios seguirán sometidas a presiones, en buena medida ligadas al menor crecimiento económico.

¿Qué características de la regulación del sistema financiero español han sido las claves para que la crisis financiera global haya afectado en menor medida a los bancos españoles?
Destacaría dos entre otras muchas. Primera, la existencia de “provisiones anticíclicas”, acumuladas en los años buenos y que actualmente están atenuando el impacto de la morosidad sobre las cuentas de resultados. Y segunda, la capacidad de “persuasión moral” del Banco de España, basada en su capacidad técnica y su tradicional prudencia. El ejercicio de esta virtud hizo en el pasado poco interesante la inversión en productos estructurados basados en hipotecas sub-prime.

Puesto que parece que esa legislación ha sido más efectiva para que los bancos españoles se hayan visto menos perjudicados, tal vez sería buena extenderla al conjunto de la zona euro. Pero nos encontramos con que la regulación y la supervisión del sistema financiero de cada país, no es competencia del BCE sino del banco central de cada país. En ese sentido, ¿no sería bueno que esas regulaciones se unificaran o en su defecto que fueran competencia del BCE?
La convergencia regulatoria está en marcha y debería acelerarse. Al mismo tiempo, la integración financiera europea hace cada vez más necesario distinguir entre grupos bancarios grandes y complejos, con negocio transfronterizo relevante e importancia sistémica, y otras instituciones con modelo de negocio más ligado a operaciones nacionales o locales. Respecto a los primeros, el Eurosistema puede mejorar aún su contribución particularmente en el ámbito de la estabilidad financiera.

En los últimos meses la postura del BCE ha sido muy cuestionada. Al comparar su actuación con la que ha tenido la Reserva Federal durante la crisis financiera, se le ha acusado de ser demasiado rígido, de preocuparse sólo de la inflación y de dejar de lado el crecimiento. ¿Por qué existe esa percepción de que el BCE es demasiado rígido? ¿No socava de alguna manera la opinión que los ciudadanos tienen de la entidad? ¿Debería haber actuado de otra forma?
Cada banco central tiene la responsabilidad de actuar según su mandato y en el contexto de su propia realidad económica. El nuestro es asegurar la estabilidad de precios a medio plazo en la zona del euro. Esta es la mejor contribución que el BCE puede hacer al bienestar de los ciudadanos. Preservando la estabilidad de precios no sólo contribuimos al poder de compra de salarios y pensiones, sino que, además, sentamos las bases para un crecimiento sostenido del empleo y la actividad. Esto es muy bien entendido por la inmensa mayoría de quienes tienen al euro como su moneda. Y también por muchos otros ciudadanos europeos, que en las actuales circunstancias han encontrado evidencia adicional para valorar los beneficios que la pertenencia al área del euro proporciona.

En relación con lo anterior y a raíz de la situación creada por la crisis financiera, algunos líderes políticos europeos han propuesto crear un gobierno económico europeo, bajo el cual podría situarse el BCE. Tras ese debate, parece estar el deseo de recortar la independencia del BCE, o de modificar su mandato sobre la estabilidad de precios, para hacerlo más flexible o manejable. ¿Sería bueno modificar el mandato del BCE o que trabajara bajo la coordinación de unas hipotéticas autoridades económicas europeas?
Sin la claridad de la definición de nuestro mandato y la independencia con la que adoptamos nuestras decisiones, la credibilidad de los objetivos de estabilidad sería limitada. Esto es ampliamente compartido por los gobiernos europeos, con quienes estamos en permanente diálogo, y por el Parlamento Europeo, órgano representativo ante el que rendimos cuentas.

Si el sistema bancario europeo sigue sin prestar dinero al sistema económico, ¿habría alguna posibilidad, temporal y extraordinaria, de que el BCE prestase dinero a los Estados miembros del euro?
Ninguna. El Tratado de la Unión lo prohibe de forma taxativa. Los gobiernos tienen otros medios de financiar su actividad (reducciones de gastos, aumentos de impuestos o endeudamiento) que, empleados dentro del marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, pueden contribuir a la estabilidad del sistema, sin erosionar directamente las perspectivas de evolución de la inflación.
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