Español | English
IDEAS - IE Business SchoolImagen

IDEAS - IE Business School

Secciones fijas > Humanidades
Aplicaciones del mito griego

Miguel Herrero de Jáuregui
Doctor en Letras Clásicas y Profesor de Historia Antigua de la Escuela de Artes y Humanidades del IE
Los mitos griegos, lejos de ser historias curiosas de un pasado muerto, están más vivos que nunca en el siglo XXI, y conocerlos no es sólo entretenido, sino un instrumento de gran valor para entender nuestro mundo.

Hoy son muchos los niveles de la realidad en que la presencia de los mitos es perceptible, donde las historias contadas en antiguos poemas son una clave fundamental para aprehender el significado y valor del “mundo real”. Resumiré brevemente cinco grandes niveles donde se aprecia claramente la presencia de los mitos hoy día.  

En primer y más claro lugar, hay muchas huellas del mito en nuestra vida diaria. El lenguaje cotidiano está repleto de referencias míticas, algunas tan conocidas como el talón de Aquiles, las luchas titánicas, esfuerzos hercúleos, o complejo de Edipo. Hay también otras, menos comunes pero muy útiles para expresar en pocas palabras una imagen efectista. Por ejemplo, una teoría procustea deforma los hechos para hacerlos encajar, aún forzando su naturaleza, en un cierto patrón ideológico. Todos conocemos esa clase de personas que, pase lo que pase, estarán convencidas de que encaja en su teoría. Son trasuntos modernos de Procusto, el antihéroe mítico que, pervirtiendo la sacralidad de la antigua hospitalidad, acostaba a sus huéspedes en un lecho que les atrapaba: si eran más altos que la cama, Procusto serraba las piernas y la cabeza, y si eran más bajos, tiraba del cuerpo hasta que encajaba exactamente con las medidas de la cama. Procusto acabó encajado en su propio lecho gracias a Teseo, que liberó el camino de Atenas del torturador. Alguna gente, de visión demasiado estrecha, tal vez necesitara un Teseo que liberara su mente para ver la realidad tal como es, y no bajo la distorsión de los prejuicios o packs ideológicos. http://www.deanstalk. net/photos/uncategorized/2008/02/12/ klimt_danae_3.jpg.

Si este tipo de imágenes míticas impregnan nuestro lenguaje, no es de extrañar que cuando el hombre descubre un nuevo campo, el mito clásico siga proveyendo nuevas etiquetas que se entienden de inmediato: los ordenadores tienen sus virus troyanos como la conquista del espacio su Apolo 13. Por no hablar de su utilidad para el marketing y las marcas comerciales: Nike o Amazon son testimonios elocuentes.

Aparte del lenguaje, muchas prácticas tradicionales que todavía hoy están vivas, como la cosecha, la corrida, el vino y las fiestas religiosas o seculares, tienen sus propias narraciones y representaciones que se remontan directamente a los viejos mitos griegos. Las historias de dioses de la agricultura que mueren en invierno y resucitan en primavera; de los toros como símbolos de poder y fertilidad; de la atracción y los peligros del alcohol; de las experiencias extáticas, son bien representadas por los dioses Deméter y Dioniso. Y seguirán siéndolo mientras se coma pan y se beba vino. Para apreciar y disfrutar todos los matices de la vida cotidiana, conocer el mito es muy aconsejable.

En segundo lugar, el arte de todo tipo continúa usando el mito como ha hecho durante 3.000 años: pintura, escultura, música, literatura o cine tienen el mito griego como un pilar fundamental y fuente de inspiración constante. Los ejemplos son tan conocidos que resultan superfluos: Picasso, Eliot o Woody Allen bastan como nombres. El mito puede estar sujeto a todo tipo de adaptaciones y reconstrucciones, y ser combinado con cualquier nuevo elemento. Conecta toda obra de arte con una tradición secular que añade profundos niveles a su significado externo. ¿Quién puede apreciar del todo los cuadros de Dánae de Tiziano o Klimt, sin saber que Zeus se unió a ella en forma de lluvia de oro? Algunos, como estos dos pintores, tomaron la lluvia de oro como símbolo de las monedas pagadas a una prostituta, mientras otros la tomaron como imagen de la forma más divina de fecundación (la luz del cielo en la Anunciación de Fra Angélico también pertenece a esta tradición iconográfica). Para entender el arte clásico y moderno, conocer el mito griego es fundamental.

En tercer lugar, muchos de los nuevos problemas que nuestra sociedad moderna debe encarar corresponden a problemas similares a los de los antiguos griegos, y los mitos que tematizaron estas cuestiones nos pueden inspirar al afrontarlas. Un ejemplo claro es la culpa heredada que persiguió a algunas estirpes de héroes en la tragedia griega: los hijos de Agamenón o Edipo pagaron las culpas de sus padres y cometieron los mismos errores que sus antepasados. Problemas contemporáneos como los que suscita la genética (¿es el hijo de un psicópata necesaria o probablemente un psicópata él mismo?), o, en un nivel completamente diferente, la responsabilidad corporativa, o la de los Estados, no está tan lejos de la cuestión central de la tragedia griega: ¿por qué debo pagar yo por las faltas de otros?

Hay otros ejemplos clásicos: el choque entre las costumbres tradicionales y las leyes del Estado, constante en las sociedades humanas, siempre estará representado por Antígona, cuyo mito se ha reactualizado constantemente a lo largo de los siglos, como George Steiner mostró en su libro Antigones (1984). La antítesis de Friedrich Nietzsche entre la energía salvaje incontrolada de Dioniso y el sentido apolíneo del límite y la moderación, se ha mostrado como una tensión muy productiva que perdurará tanto como la humanidad. Finalmente, el nombre de Edipo basta para recordarnos el enorme peso del mito griego en la psicología moderna, desde Sigmund Freud a nuestros días: el psicoanálisis moderno opone al complejo causado por la rivalidad con el padre, el modelo de Telémaco, el hijo de Ulises, que se hace un hombre colaborando con su padre para recuperar su reino, Ítaca, y su mujer, Penélope. Para afrontar nuevos problemas el conocimiento de sus representaciones míticas es de gran ayuda.

Cuarto punto: las identidades nacionales (como otros tipos de identidad) se construyen con mitos hoy, como en la antigüedad, porque todos los grupos humanos necesitan sus propios mitos para despertar emociones colectivas, entender cómo funciona el mito es indispensable para entender a las naciones. Los casos de Israel o Kosovo saltan a la mente de cualquiera, pero hay otros ejemplos menos problemáticos. Estados Unidos, un país nuevo que ha conseguido crear una fuerte identidad común a partir de una población muy diversa, mitificó el Mayflower, la conquista del Lejano Oeste, y después la Segunda Guerra Mundial. En películas y literatura popular, América ha forjado héroes a partir de generales desastrosos como Custer, o superhéroes ficticios como el Capitán América, tal y como Roma inventó la historia de Eneas y mitificó la antigua República para legitimar su dominio del Mare Nostrum. Si la Unión Europea quiere efectivamente crear una identidad europea más fuerte, necesitará mitos comunes: el conjunto de la mitología antigua está a su disposición, empezando por la joven heroína Europa, a la que Zeus raptó en forma, esta vez, de toro blanco.

Y quinto y último punto: el mito es parte de la mente humana, incluso en nuestra época devota de la ciencia. Junto a la razón (logos) el hombre siempre tiene el mito en su mente como un modo de interpretar la realidad. Cualquier sociedad humana, en todo tiempo y lugar, ve el mundo en buena parte a través del mito, y por tanto el mito es con frecuencia más expresivo que la argumentación racional –y por ello puede ser también peligrosamente deformante–. Por ejemplo, las visiones globales del futuro de la humanidad –sean verdaderas o falsas– necesitan el mito para afirmarse con efectividad. El Choque de Civilizaciones de Samuel Huntington, o el Fin de la Historia de Francis Fukuyama, por no hablar de la idea marxista de la lucha de clases como motor de la historia, comparten un mismo tipo de discurso con Hesíodo (siglo VII a. C.), cuando hablaba de la decadencia del hombre desde la Edad de Oro a la de Hierro. El Contrato Social, el Estado Soberano, la Mano Invisible del Mercado, la Evolución, el Big Bang, todos son conceptos objetivos y científicos que sin embargo son mitificados en su comprensión global. Y figuras modernas como Winston Churchill –en cuya existencia real no cree el 23% de los británicos– se convierten en mitos comparables a Sherlock Holmes –al que el 58% cree un personaje histórico real–: para el mito los hechos no son tan importantes como las percepciones. Y por supuesto, todos los discursos religiosos tienen enormes dimensiones míticas, porque, como Platón intuyó, la religión no puede ser comprendida sólo a través de la razón.

Esto son sólo algunos ejemplos del modo en que el mito funciona en las percepciones sociales. Pero en nuestros tiempos no es siempre fácil diferenciar el mito del pensamiento racional o de los hechos desnudos. En la antigua Grecia encontramos el mito en su esencia pura, presto para que podamos observar cómo surge el pensamiento mítico y cómo se hace útil para la filosofía, la política y el arte. Para entender cómo piensa y actúa nuestro mundo, el conocimiento del mito griego es simplemente inevitable.

A veces tendemos a despreciar el pasado como una colección polvorienta de vanas curiosidades. Pero no debiéramos cometer tan burdo error, porque perderemos un faro indispensable para iluminar nuestro camino por el presente y el futuro. Como dijo Charles Peguy: “no hay nada más viejo que el periódico de ayer, y Homero siempre es joven”.

Ver el documento en archivo PDFEnviar noticia a un amigoImprimir
rev102_humanidad.jpg

Imagen decorativa Valoración
Valora este artículo del 1 al 5
© 2007 Ideas Empresariales Aviso legal
| Revista actual | Todos los números | Contacto