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¿Son los terroristas Stakeholders?

Bryan W. Husted
Director de la Cátedra de la Asociación de Antiguos Alumnos IE Business School de Ética Empresarial y Responsabilidad Social
Esta pregunta puede provocar la ira de los que han sufrido las secuelas de los bombazos terroristas. Al escribir este artículo, el grupo terrorista vasco ETA ha explotado tres bombas en una sola semana. Sin embargo, la posibilidad de que los terroristas pueden ser stakeholders o grupos de interés para la empresa se abarcó en el trabajo seminal de Edward Freeman sobre la administración de stakeholders. Esta pregunta ha llegado a sobresalir en la campaña presidencial de los Estados Unidos al pelearse George Bush y Barack Obama sobre si el hecho de hablar con los terroristas o radicales equivale al apaciguamiento –la política desacreditada de Neville Chamberlain para mantener la paz antes de la Segunda Guerra Mundial–.


Algunos han escrito que el terrorismo está en los ojos de quien lo mira. Hasta Nelson Mandela fue etiquetado como terrorista por el Gobierno de los Estados Unidos. El asunto es importante para las empresas. No son pocas las empresas que han tenido que enfrentar el problema de pagar un rescate a terroristas que han secuestrado algún empleado o que exigen el pago de unos impuestos revolucionarios. En consecuencia, ¿qué nos dice la literatura sobre la administración de stakeholders para aclarar esto?

La definición original de stakeholder propuesta por Freeman es muy amplia e incluye todos los grupos que afectan o son influenciados por la empresa. Sin embargo, este enfoque no es muy útil en términos de establecer las prioridades entre las demandas encontradas de diferentes stakeholders. Cada demanda pide la atención de los gerentes. Así que no basta definir los stakeholders, sino poner alguna prioridad a estas demandas.

En términos de identificar los stakeholders, ya existe un consenso considerable sobre la idea de que las empresas deben prestar atención a los grupos que tienen legitimidad, urgencia, y/o poder. Las demandas legítimas son las que la sociedad acepta. Muchas veces están basadas en contratos explícitos o implícitos o en derechos legales o morales. La urgencia se trata de las necesidades apremiantes. Algunas veces, como los desastres naturales en Myanmar y China demuestran que las necesidades pueden ser tan apremiantes que uno no tiene el lujo de determinar si alguna demanda es legítima o no. El poder es otro atributo en que el stakeholder puede tener acceso a recursos de algún tipo, que le permiten obtener su objetivo, a pesar de la resistencia de la gerencia o la sociedad.

existe un consenso considerable sobre la idea de que las empresas deben prestar atención a los grupos que tienen legitimidad, urgencia, y/o poder. Las demandas legítimas son las que la sociedad acepta. Muchas veces están basadas en contratos explícitos o implícitos o en derechos legales o morales. La urgencia se trata de las necesidades apremiantes. Algunas veces, como los desastres naturales en Myanmar y China demuestran que las necesidades pueden ser tan apremiantes que uno no tiene el lujo de determinar si alguna demanda es legítima o no. El poder es otro atributo en que el stakeholder puede tener acceso a recursos de algún tipo, que le permiten obtener su objetivo, a pesar de la resistencia de la gerencia o la sociedad.

Volviendo a la pregunta inicial sobre los terroristas como stakeholders, ¿cuál es la respuesta? Obviamente, la respuesta es, como contestaría cualquier buen académico, “que depende”. Si la FARC de Colombia secuestra algún ejecutivo de una empresa y busca un rescate, no se trata de un compromiso serio con el diálogo, sino un intento de extorsionar. Hay otros casos en que los grupos terroristas puedan satisfacer las condiciones que los hacen participantes serios en el proceso de diálogo. El mismo Nelson Mandela, quien se inspiró en la no violencia de Gandhi, guió al Congreso Nacional Africano a ser interlocutores serios para los negros oprimidos de Sudáfrica.

La lección sudafricana nos enseña que los terroristas puedan llegar a ser socios en el diálogo. Así que posiblemente debamos reformular nuestra pregunta como: ¿pueden los terroristas llegar a ser stakeholders? Y la respuesta es un rotundo sí.

Entre los grupos que tengan unas demandas poderosas, legítimas, o urgentes, los curiosos pueden volverse relevantes y los alborotadores pueden hacerse socios serios en el diálogo. Las pruebas de la seriedad del compromiso para participar en los procesos de diálogo pueden variar mucho de un caso a otro y de una empresa a otra. Sin embargo, es de poca utilidad descartar simplemente la posibilidad de un encuentro, identificándolo con el apaciguamiento de Chamberlain. El apaciguamiento dista mucho del diálogo entre stakeholders al aceptar las condiciones impuestas de unos agresores violentos para conseguir una paz dudosa. Las empresas necesitan entender esta distinción para poder tomar las decisiones difíciles que dependen de la identificación y reconocimiento de los stakeholders.

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