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Conferencia Anual de Antiguos Alumnos 2007 > La carrera sin retorno de la migración internacional
La carrera sin retorno de la migración internacional

Hania Zlotnik
Directora de Población de Naciones Unidas
En opinión de esta demógrafa de renombre, cuyo trabajo ha sido fundamental en el campo de las estimaciones de la migración internacional a nivel mundial, en la tendencia al alza de este fenómeno confluyen tres elementos fundamentales: una buena economía, un nivel bajo de paro, y una población que no crece deprisa, aunque envejece rápidamente. “Es en estas condiciones cuando crece la demanda de mano de obra inmigrante para realizar aquellos trabajos que los nativos ya no quieren hacer”.

Parece que se observa una ralentización en el crecimiento de la población mundial, ¿cuándo y cuánto se podría estabilizar?

Según los escenarios posibles y si sigue cayendo la fecundidad como creemos que va a caer y conseguimos que todos los países del mundo pasen al menos 100 años manteniendo una fecundidad por debajo del reemplazo, la población mundial podría estabilizarse alrededor de 9.000 ó 10.000 millones de habitantes. Son unas previsiones que hicimos para el año 2300. Si esto no se cumpliera, con tan sólo 1/4 de niño por encima de la previsión la población podría llegar hasta 18 ó 20.000 millones. Así que es muy importante que la fecundidad se mantenga en el nivel de reemplazo, e incluso un poco por debajo, y que se mantenga por mucho tiempo.

¿Cree que todos los países del mundo llegarán a una situación de fecundidad subreemplazo?

Eso es lo que esperamos, y siendo conscientes de que a algunos países les llevará más tiempo. Aunque los demógrafos nos llevamos grandes sorpresas, como en los años Setenta, que pensábamos que los países pobres no iban a tener una caída rápida de su fecundidad, y sin embargo hubo estados como Bangladesh o Irán que sí experimentaron una caída muy rápida. Bangladesh ha llegado al umbral de reemplazo y es un país extremadamente pobre; y en Irán, que no es pobre, ya se encuentran por debajo del nivel de reemplazo, al igual que algunos países del norte de África, a pesar de algunos inconvenientes de índole cultural. Los países en situación más difícil son del África subsahariana, algunos, como Sudáfrica, tienen niveles de fertilidad muy bajos, pero son países en los que la mortalidad todavía es alta, los niveles educativos son muy precarios y algunos de ellos no están funcionando con normalidad porque sufren guerras internas de larga duración. Es ahí donde radica la mayor dificultad para que la gente pueda decidir libremente su índice de fecundidad, aunque se comienza a apreciar un lento descenso. No es preciso llegar a los ínfimos indicadores de Europa, pero sí sería aceptable lograr un máximo de dos hijos por mujer.

Señora Zlotnik, ¿en qué niveles máximos se podría situar la esperanza media de vida para hombres y mujeres, a qué edad máxima podremos llegar?

Es un debate eterno que mantenemos los demógrafos. Si consideramos un escenario a largo plazo en el que se consiga prolongar la vida 1/10 por año durante 100 años, se contempla una esperanza de vida de más allá de los 95 años. No sabemos si va a suceder así. Ya hay países con una esperanza de vida de más de 80 años, pero para lograrlo es necesario un buen sistema médico. Hoy, las nuevas generaciones son más sedentarias, hay más abundancia de comida, y eso provocará enfermedades crónicas que precisarán de tratamientos avanzados tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. Por lo tanto, para alcanzar los 90 años para todo el mundo en general será imprescindible establecer un sistema muy avanzado de salud universal.

¿Cuándo cree que se podrá combatir eficazmente la epidemia del SIDA en África?

Según nuestras estimaciones aún hacen falta 40 años. Son necesarios tratamientos más eficaces, tanto para prolongar la vida de aquellos que están infectados como para reducir la posibilidad de que la enfermedad se transmita a otras personas. En África, que es el continente más afectado, la esperanza de vida se estima en 52 años, pero esperamos que suba a 56 en 2050, que es la media mundial actualmente.

¿Evalúan la tendencia al alza de las migraciones internacionales?

Sí. Y crecerán sobre todo las migraciones dirigidas hacia los países ricos, como ocurre ahora, pero también hacia los nuevos imanes de la migración, tales como son los países del Golfo Pérsico –los grandes productores de petróleo– y otras zonas ricas como Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Japón. En este fenómeno confluyen tres elementos importantes: una economía que está yendo muy bien, un nivel bajo de paro, una población que no crece deprisa pero que, sin embargo, envejece rápidamente y en la que las cohortes jóvenes están siendo mucho mejor educadas. Es en estas condiciones cuando crece la demanda de mano de obra inmigrante para realizar los trabajos que los nativos ya no quieren hacer, y que por lo general pertenecen al escalafón más bajo de la escala jerárquica del trabajo, que no están bien remunerados y en los que no existe posibilidad de ascenso en esa jerarquía.

¿Hasta qué punto estos trasvases serán un instrumento eficaz para corregir las desigualdades económicas internacionales?

Tienen cierta eficacia para corregir aspectos puntuales, pero no son la solución. La población de los países en vías de desarrollo apenas se resiente por los millones de personas que emigran a los países ricos, y, en cualquier caso, las remesas que envían, aunque importantes, no son el motor de la economía de ningún país, quizá tan sólo en alguno pequeño en el que las remesas constituyan una alta proporción de las entradas de divisas al país podrían tener algo de efecto. Por otro lado, para que las remesas fuesen eficaces habría que educar a sus receptores para que ahorrasen parte de ese dinero y lo colocaran en instituciones financieras donde fuesen esencialmente recicladas para que otras gentes del país pudiesen utilizarlas para invertir. Además, durante mucho tiempo las remesas de los emigrantes se han considerado negativamente porque se dedicaban sólo al consumo de cosas importadas, con lo que quien gana realmente es el que elabora esos productos en el exterior.

Con todo esto, ¿vamos hacia una sociedad envejecida de alcance planetario?

Sí, porque para alcanzar un tamaño de población sostenible la fertilidad tiene que bajar en todos lados, lo que evidentemente impide evadirse al envejecimiento de la población.

¿Cree usted que seguirán creciendo las ciudades?

Claro, y además va a haber más ciudades y más gente que viva en ellas, porque ninguna ideología ha creado un modelo que pueda ser más productivo sin que se rebaje el sector agrícola, que es de donde extrae la mano de obra. Son el sector de manufacturas y el sector de servicios los que permiten aumentar la productividad, pero incitan a que la gente se mueva del campo a la ciudad. Sólo si la gente se queda donde está empezará un desarrollo urbano, lo que a su vez provoca que las áreas rurales se transformen en áreas urbanizadas. En otro sentido, son las ciudades medianas las que crecen más deprisa, hay casos de ciudades de 100.000 habitantes que en poco tiempo han alcanzado los 5.000.000. Sin embargo, las megalópolis son las que crecen más lentamente por su saturación, pero a la vez son las que generan mayor renta per cápita, lo que explica la estrecha correlación que hoy existe entre países más pobres y países más rurales.

¿Piensa que la población mundial está realmente amenazada por el cambio climático?

No sabemos los efectos que pueda tener sobre la población, pero aunque el planeta llegase a no producir nada, dudo que con la población actual desapareciéramos. La mayoría de ciudades con mayor número de habitantes están cerca de los litorales, por lo que si sube el nivel de las aguas podrían estar realmente amenazadas, y dependerá de la tecnología y de la capacidad de inversión para poder construir barreras de protección como en Holanda. Otro problema, y no menor, podría ser la desertización, como aquí, en España. Pero los factores que determinen en cómo la sociedad reaccione son tan variables que resulta imposible predecir con exactitud qué efectos tendrían sobre la población, amén de las diferentes variables en cuanto a la ubicación geográfica.

Considera, señora Zlotnik, que China tiene ya comprometido su futuro demográfico?

No. La primera reducción de la población mundial está muy asociada a que China redujo su crecimiento, porque en 1950 cada mujer tenía cinco hijos y ahora promedian 1,7 por cada mujer, pero también es cierto que van a experimentar un gran envejecimiento, con un problema añadido que no tardará en aflorar: el desequilibrio inaudito que existe entre la proporción de hombres y mujeres, ya que todavía las familias prefieren a los niños antes que a las niñas. Pero soy optimista y creo que hay varias soluciones posibles.

¿Esto significa que estamos abocados a encarar un futuro prácticamente sin jóvenes?

No, al contrario. Si consideramos jóvenes a las personas comprendidas entre los 15 y los 24 años, su número se mantiene constante, sin fluctuaciones acusadas, en 1.000 millones de aquí a 2050, y por contra, en términos relativos sí bajan de porcentaje los grupos que más crecen, que son los de 60 y de más de 80 años.

¿Contempla la necesidad de crear un organismo internacional que se dedicara específicamente a trabajar en la materia de población?

Bueno, ya tenemos el Fondo de Población de Naciones Unidas, pero es verdad que más bien se dedica a prestar ayuda a los países que quieren abordar sus problemas de población, entendiendo estos como de crecimiento constante. Y en la misma medida en que se va rebajando la población mundial, el Fondo también se interesa en la urbanización, en la salubridad, en el envejecimiento, en la inmigración internacional, e intenta coordinar diferentes campos de actuación para poder hacer frente a todos estos problemas.

Ahora que está de moda, ¿se podría hablar de una globalización demográfica?

La demografía es el primer elemento en el que se dio la globalización. Los demógrafos todavía no sabemos explicar bien cuáles son los parámetros que llevan al descenso, en general, de la tasa de fertilidad. Sabemos de la importancia de la mejora en la educación, del importante avance del papel de la mujer, de la menor mortalidad infantil, y, obviamente, a todo esto ha contribuido el descomunal progreso en la difusión de ideas mediante los medios de comunicación. Resulta curioso, casi anecdótico, observar que algunos de los países que han organizado campañas para convencer a la gente de que tenga menos hijos lo han hecho a través de telenovelas, es decir, lo han llevado a cabo de una forma culturalmente aceptable que ha demostrado ser de alta eficacia. Esto es producto de la globalización de las ideas, sobre todo allí donde ahora ya llegan los medios de comunicación y los gobiernos y las instituciones pertinentes realmente quieran transmitir ese mensaje. Si esto funciona, siempre habrá alguien más que lo copiará, y si esto es globalización, o mundialización, pues llamémoslo así.

Por último, demográficamente hablando, ¿quién es el sexo fuerte, el hombre o la mujer?

Biológicamente la mujer, sin duda. Aunque los demógrafos intentamos hablar de igualdad de sexos, de algún modo no es cierto porque, tocante a la fecundidad, siempre estudiamos a las mujeres porque son más sinceras y fiables. Cuando lo hemos hecho desde el punto de vista paterno, nos ha resultado mucho más difícil. Además, la mortalidad materna en ciertos contextos es muy alta, pero, en esos mismos contextos, la mortalidad paterna todavía lo es más porque el hombre asume unos riesgos, sobre todo cuando es joven, que una mujer no enfrenta, y por ser biológicamente más débiles.
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Aunque el planeta llegase a no producir nada, dudo que con la población actual desapareciéramos

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