El desafío energético
Carlos García Suárez, consejero del Centre for Eco-Intelligent Management del IE Business School y consejero delegado de dos empresas dedicadas a la promoción, diseño y construcción de centrales de produccción en base a fuentes renovables, fue el responsable de presentar el primer tema a debate de la conferencia, El desafío energético, y dar paso a los dos ponentes invitados para tratar dicha cuestión: Antonio Llardén, presidente de Enagás, y Félix Hernández-Álvarez, científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y representante en el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC).
Antonio Llardén centró su exposición en el papel del gas natural frente al desafío energético y cómo afecta el cambio climático a las empresas del sector. Para empezar, dejó bien claro que el bienestar de la población siempre crece al ritmo de la producción de energía (lo que lleva aparejada las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles fósiles, que lógicamente influyen en el cambio climático). Basándose en el modelo denominado como “Identidad de Kaya” –utilizada no como una herramienta analítica, sino como instrumento en la discusión de los determinantes de las emisiones, es decir, la relación entre emisiones de CO2, economía y energía– cuestionó cómo se puede influir en la emisión anual de CO2, a partir de cuatro factores fundamentales: renta per capita, población, intensidad energética y factor de emisión –sólo estos dos últimos factores son influenciables– y cuál es el papel del gas natural en un nuevo paradigma energético más respetable con el medioambiente sin menoscabar el bienestar poblacional. En su opinión, de todos los combustibles fósiles, el gas natural es el que menos impactos genera, incluso ya desde su propia extracción. Y aunque, hoy por hoy, no es factible pensar que se vayan a eliminar tanto el consumo de carbón como el de petróleo, sí se prevé un mayor uso del gas natural por varias razones. “Las eficiencias energéticas y de costes, la gran cantidad de reservas, y si queremos intensificar el uso de renovables (tanto en solar como eólico) el gas natural resulta fundamental”. También destacó, dentro de este contexto, la importancia actual y futura del gas natural licuado (en España importamos el 40% de gas natural licuado total europeo, lo que representa el 11,1% del total mundial) al permitir una gran diversidad de orígenes, y subrayó que “en el nuevo modelo energético que propugna la UE, el gas natural juega un gran papel, dado que contribuye a la consecución de los objetivos de sostenibilidad y técnicamente resulta más eficiente”.
Por su parte, Félix Hernández-Álvarez inició su intervención destacando las principales diferencias entre España y la Unión Europea en eficiencia y dependencia energética, y el gran choque que supone para la empresa pasar de un impacto local a uno global (efecto invernadero). Desde su punto de vista, “tenemos que ser capaces de impartir una aplicación flexible y conjunta dentro de ese universo de reglamentación, difícilmente manejable”. Respecto al reto de una mayor utilización de energías renovables, se mostró partidario de la implantación de un sistema de primas, muy eficiente sobre todo en los comienzos, para pasar posteriormente a un sistema similar a los Certificados Verdes Negociables (CVN), pero que resulte menos costoso.