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Modelos para museos de arte contemporáneo

Macarena Ventosa
Directora del Grado de Historia del Arte IE University
Los museos han debido de afrontar un desafío increíble desde los años Noventa, a raíz de la globalización y de los numerosos cambios que ésta ha supuesto en nuestra compleja sociedad. En los últimos 25 años se han construido más de un centenar y hemos asistido a la convergencia de los negocios con la cultura, de la educación con el ocio y de la esfera pública con la privada.

Además de, por supuesto, al impacto del turismo cultural global y la aparición de nuevos medios de comunicación y de la Red. Todo esto supone casi 20 años de experiencia, en los que algunos museos de arte contemporáneo han contribuido a crear nuevos modelos que se alejan del pasado y resultan atractivos para nuestra nueva sociedad.

Analicemos casos reales y su evolución y nivel de éxito. El popular Guggenheim de Bilbao y la ejemplar ampliación del Centro de Arte Walker de Minneapolis han resultado ser un éxito, aunque de forma distinta y a pesar de que ciertas inauguraciones recientes y espectaculares en Roma y Armenia plantean dudas sobre su futuro.

¿No cabría esperar a estas alturas un nuevo museo en el que se aplique lo aprendido? Me gustaría destacar varias cuestiones pertinentes: el equilibrio entre contenido y continente, la pertinencia de crear un museo sostenible que continúe con su misión tras la inauguración o de buscar personal con una formación y una experiencia innovadoras para que afronte los nuevos desafíos.

En tanto que española, mi referencia en lo que respecta al proyecto más espectacular y controvertido para un museo de arte contemporáneo es uno de los primeros ejemplos exitosos: el Museo Guggenheim de Bilbao, inaugurado en 1997. El arquitecto Frank Gehry y su sorprendente construcción transformaron literalmente una ciudad industrial en un destino para el turismo artístico. No obstante, en la actualidad quizás estemos olvidando toda la controversia en torno a la gran inversión de la ciudad de Bilbao en un museo que no tiene una colección permanente –se ha dividido la colección de la Fundación Guggenheim y se ha creado un nuevo modelo de “franquicia”, en el que la colección va a circular y se va a exponer en varios museos de diferentes ciudades. Nadie esperaba que tuviese tanto éxito –la inversión se recuperó en tres años–, el museo está creando su propia colección y Bilbao se asocia ahora en los medios de comunicación internacionales con el arte.

Otra referencia para mí, también alejada de los centros artísticos, es el Centro de Arte Walker de Minneapolis. La colección permanente se amplió en los años Sesenta para reflejar ejemplos fundamentales del arte contemporáneo. En 2005, un nuevo edificio diseñado por los arquitectos suizos Herzog y De Meuron dobló el tamaño del museo con espacios que acercan a la gente a la conversación informal, al aprendizaje interactivo y a los programas comunitarios. En la actualidad el Centro Walker es reconocido como un modelo en lo que se refiere a la exposición de arte multidisciplinar y a los enfoques innovadores para atraer al público.

Sin embargo, si tenemos en cuenta las inauguraciones recientes de museos de arte contemporáneo que han logrado titulares en los periódicos, parece ser que éstos estarían siguiendo el modelo del Guggenheim de Bilbao. El pasado noviembre se inauguraron museos en lugares tan distantes como el Maxxi de Roma o el Centro de Arte Cafesjian (Armenia). Ambos edificios son espectaculares y han exigido enormes inversiones. El primero, es un edificio sorprendente de la arquitecta Zaha Hadid, ha sido pagado por el Gobierno y ha tardado diez años en perfeccionarse. Se inaugura totalmente vacío y no se ha ofrecido demasiada información sobre su futura colección o programa.

El Centro de Arte Cafesjian, un edificio histriónico que recuerda a los jardines colgantes de Babilonia y está financiado por un coleccionista estadounidense de ascendencia armenia, se inaugura con una colección curiosa y diversa de cristal, escultura y pintura, y sin dotación ni junta directiva profesional.

La situación en Armenia no parece demasiado prometedora: un público escaso que aprecie el arte contemporáneo y una tasa de desempleo que ronda el 40%. Parece ser que, al igual que el Guggenheim de Bilbao, se está intentando revitalizar a través del turismo cultural países como Armenia o un distrito residencial de una ciudad como Roma, que ha demostrado ser muy conservadora en lo que se refiere a su arquitectura. ¿Qué va a pasar?

Quizás el problema se plantea cuando el deseo de ser impresionante sobrepasa el deseo de lograr un museo sostenible. No existe una fórmula mágica y los datos financieros de estos proyectos son bastante distintos. No obstante, quizás podríamos aplicar el sentido común e intentar responder a ciertas necesidades básicas en los museos actuales que realzan su misión:

• Atender al contenido, lo que supone una buena colección permanente y/o un buen programa de exposiciones. En ambos casos significa una presentación interesante que ensalza las obras de arte y, al mismo tiempo, facilita la relación con el público.

• Actividades relacionadas con el programa que llegarán y atraerán a un público más numeroso, incluso a aquellos no interesados en el arte, y que les harán reflexionar sobre la experiencia directa del arte y que no sólo les entretendrá.

• Edificios que responden a varias demandas, como el arte que contendrán y su relación con los visitantes, las actividades y las necesidades de los diferentes públicos y, por supuesto, un cierto atractivo relacionado con la imagen de su emplazamiento. Mantener el equilibrio entre estas diferentes demandas siempre es un ejercicio de virtuosismo para los arquitectos.

• Y lo más importante: la inversión en un personal con la formación y la experiencia adecuadas, necesario para resultar útil a las demandas del museo. Esto incluye comisarios de exposiciones y coordinadores de contenidos innovadores, un departamento educativo de lo más vanguardista para conectar con el público a través de todo tipo de actividades y un buen departamento de comunicaciones que mantenga el museo vivo y visible en la comunidad local y en este mundo global. El desafío de cara al futuro es cambiar la educación de la historia del arte para responder a unas necesidades que son totalmente diferentes de las del modelo anterior de museo, considerado un lugar de almacenamiento y exposición.

Los museos deben cuidar aquello que los hace únicos: ofrecer a un público plural la riqueza y la complejidad de cada obra de arte, experimentadas a través de la percepción individual de su aspecto físico puro. Esto no es posible en otros medios de comunicación como Internet. Mantengamos abiertos los ojos para ver no sólo cuáles de los museos que conviven en este abarrotado mundo del arte contemporáneo sobreviven, sino cómo innovan y contribuyen a nuestra sociedad globalizada al ofrecernos la experiencia de un arte dotado de significado y con un final abierto relacionado con nuestro presente.

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